jueves, 9 de febrero de 2012

Pensando en los jóvenes...

¿Por qué demandar al Estado la implementación de políticas públicas que incidan en oportunidades diversas para los jóvenes?

Porque precisamente el censo de población y vivienda realizado el año 2001 por el Instituto Nacional de Estadística (INE), estableció una cifra de 2,265.214  jóvenes en el país en un rango de 15 a 29 años de edad; dato  que representa el 26% del total de la población en Bolivia, que por el amplio segmento de población de este componente en la sociedad y ante la ausencia de liderazgos no se puede dejar sin atender.

Jóvenes que se piensa deberían constituirse en sujetos clave para el desarrollo e impulso de la administración del Estado, la democracia, y el país. Es un deber posibilitar políticas públicas que identifiquen y proyecten espacios para la interrelación, interacción, y participación generacional en diferentes escenarios de la composición de la estructura estatal. El establecer la participación de los jóvenes en la dinámica del Estado sería un aporte fundamental para la práctica de inclusión en y para la gestión pública misma de este conglomerado. El fomento, la movilización y la participación activa en la vida pública de este gran componente poblacional valoraría e impulsaría el futuro de liderazgos nuevos que transiten hacia  una nueva sociedad.

La incidencia política en la población joven podría ser la línea para cambiar el rumbo de los caminos que conducen a fines no apropiados (que destruyen y dañan a la juventud). La importancia radica en disminuir paulatinamente la carencia de oportunidades; de posibilitar mayor visibilización del entramado y problemática joven en la sociedad desde una perspectiva propositiva; además de fomentar e incentivar vías de acceso a los diferentes espacios de dominio público posibilitándoles ser líderes en el sentido a la transformación que vive el país…

Consiguientemente y en prospección a una mejor y mayor apertura de los espacios democráticos, el incentivar la experiencia en la cosa pública haría contundentemente más sostenible el proceso de cambio que vive el país, además de motivarlos a éstos a participar, dialogar, instruirse, deliberar y prever un futuro (su futuro) e intervenir en el destino del país...

La contingencia, la imaginación, y la creatividad para posibilitar e incentivar políticas públicas desde el Estado hacia los jóvenes podría convertirse en el camino que lleve a la construcción de escenarios que promuevan la inclusión participativa generacional; la integración cultural; los encuentros de visiones y pensamientos otros que aprendan a aprender desde temprana edad; además de compartir posturas, criticarlas, disentir, crear doctrinas, pensamientos, y, esencialmente, sentimiento de pertenencia al país. Quizá así podríamos soñar en diseñar y construir una nueva sociedad en práctica de interculturalidad…


Y, ¿para qué intervenir en este grupo poblacional?

Para informar y hacer conocer sus y los derechos constitucionales a los jóvenes en contenido integral, así como también sus deberes, obligaciones, garantías, responsabilidades, y posibilidades para una participación futura en y desde la estructura del marco y espacio estatal; fines que generarían una sociedad mejor preparada para los desafíos que le esperan al país, y para lo que acontecerá en el mundo de la actualidad.

La construcción de una política pública para centrar confianza en los jóvenes hacia el Estado y en la sociedad misma podría ser el medio adecuado para establecer el orden y la facultad de ejercicio en y de sus derechos.

Y en complemento a los mismos... la difusión, formación, y estimulación pedagógica de las políticas públicas será factor imprescindible para que se atienda el valor de sus perspectivas; en tanto a ello la importancia de incidir en las verdaderas necesidades que presentan los jóvenes en el campo laboral, social, económico, político, cultural, educativo, de integración, de fomento y de oportunidad... o de incentivo para la participación, administración, y práctica del funcionamiento estatal, público y/o privado; proyección que puede ser logro para que se hagan actores clave en el proceso de construcción de una ciudadanía diferente.

Además en consecución y compromiso con la nueva Constitución Política del Estado Plurinacional que en el artículo 59, inciso 5, señala y  “garantiza la protección, promoción y activa participación de los jóvenes en el desarrollo productivo, político, social, económico, y cultural, sin discriminación alguna de acuerdo con la ley”. En adscripción a ese enunciado constitucional explícito que ampara integralmente la acción y participación civil de los jóvenes en el proceso de transformación del país... y garantiza la intervención de este conglomerado... – se prevé la necesidad de mediar – ...

En tal sentido habría que preguntarse: ¿cuál es la ley que evalúa a los jóvenes en la idea... "sin discriminación alguna de acuerdo a ley"?... 

Si pensamos en develar los derechos sin discriminación alguna tendríamos primeramente que revisar la 'Ley de Juventudes', y, para cumplir tal efecto, se deberá esperar si esa enunciación está en ella... ya que esta ley debía promulgarse el 21 de septiembre del 2010, y, sin justificación alguna, hasta ahora no se lo hizo...

Y al pensar que si se tendría que revisar el 'Plan Nacional de la Juventud'... en el Viceministerio de Igualdad de Oportunidades señalan que todavía ese trabajo no está realizado...

La única opción clara, debido a la insuficiente información sobre el tema, es revisar el D.S. 25290 que a título establece los "Derechos y Deberes de la Juventud en Bolivia" y que para su fin justifica y garantiza el ejercicio de los mismos a los jóvenes entre los 19 a 26 años... por lo que no encontramos nada relevante en este decreto supremo que facilite la interpretación o la lectura: "sin discriminación alguna de acuerdo a ley"... por lo que se asume que estará en el plan o ley que falta promulgar...

En comprensión a lo expuesto y en base a una observación plenamente empírica, se advierte un insuficiente planteamiento de políticas públicas hacia los jóvenes que validen su derecho, ejercicio, y viabilidad para el acceso a los planes de desarrollo... tal y como garantiza el artículo 59 de la Constitución Política del Estado Plurinacional.

Entonces una pregunta queda en el vacío: ¿es necesario intervenir?

sábado, 28 de enero de 2012

Diálogo y aproximación a la idea del 'Vivir Bien'


“Ante las amenazas a la humanidad y el planeta tierra que nos presenta el cambio climático y todas las demás crisis hay dos caminos. O seguimos por el camino de la civilización occidental y la muerte, la guerra y la destrucción, o avanzamos por el camino con la naturaleza y la vida” (Choquehuanca, David)


El 'Vivir Bien' es un conocimiento que se proyecta desde el proceder de los saberes andinos. Saberes que son complementos prácticos y representativos de un paradigma de posible antítesis a la cultura occidental moderna que estructuró  la expansión de su política económica, social, ambiental, y cultural, que intoxica al ser humano como al planeta mismo.

El 'Vivir Bien' es una visión de otra civilización que construye desde dentro y para adentro con dirección a la unificación espiritual. Es un mirar místico a la vida misma y un aprendizaje que no se puede desatender. Su composición complementaria y comunitaria es armonizada con la naturaleza misma, dignidad que se echó de menos en estos últimos tiempos y que produjo consecuencias catastróficas para el equilibrio y agradecimiento a la madre naturaleza por el aprovisionamiento alimentario que requiere el alma y el cuerpo de la humanidad. 

Entonces:
“Frente al fracaso total del desarrollo, el mundo occidental quiere copiar la experiencia y la realidad de los pueblos indígenas, pero sin realmente entender su alcance. Han empezado a hablar de desarrollo sostenible, desarrollo sustentable. Ahora están hablando de desarrollo armónico, desarrollo con identidad, pero siguen hablando del desarrollo, de vivir mejor en vez de Vivir Bien” (Choquehuanca, David)

Son, realmente, sucesos vivos y entrelazados en la macro/cultura de la modernidad y la composición de cultura y conciencia andina, ésta última como propositiva para una nuevo alcance y proyección de una civilización otra. Las batallas fueron incansables para no permitir su exterminio de la cultura andina y ahora se presenta como pensamiento que avizora un horizonte de complemento humano y de saberes intrínsecos que proyectan luces al paso del coloniaje mismo. Conocer a la cultura andina hace valer su fuerza, su convicción, su defensa, sus principios y su posibilidad de extensión para un mayor entendimiento natura/hombre. Esta cultura se mantuvo en silencio y hoy hace voz viva de un nuevo amanecer, de un nuevo tiempo, y de una necesidad emergente para ser una propuesta de vivir en comunidad, reciprocidad y alteridad integra con la humanidad y la Naturaleza para unos y otros, y consecuentemente vivir bien.

Son esos principios y valores del quehacer orgánico cultural que plantea un espíritu plenamente renovador:


“Bolivia plantea el Vivir Bien, no un vivir mejor a costa de otro, sino un Vivir Bien basado en la vivencia de nuestros pueblos. Vivir Bien es vivir en comunidad, en hermandad, y especialmente en complementariedad. Donde no hay explotados ni explotadores, donde no haya excluidos ni quienes excluyan, donde no haya marginados ni marginadores” (Choquehuanca, David)

En tal sentido, la organización política, social, cultural y territorial que representa el pensamiento y acción del saber andino, entre otros, es eje fundamental de la nueva proyección del paradigma que constitucionalizó el Estado boliviano. Estado que debería hacer práctica de esos saberes en extensión para toda Bolivia y esencialmente para 'vivir bien'; su finalidad consistiría en identificar la comunidad en alteridad y complemento para las decisiones de complementariedad, reciprocidad e igualdad integral. El género, lo generacional y la interculturalidad es el fundamento para el consenso y la relación ética entre naturaleza - hombre; pensamiento que deberá estar en simetría a la conciencia, esencia y vivencia del contenido profundo de los saberes de los grandes pueblos aborígenes de nuestra historia.

“Vivir Bien es recuperar la vivencia de nuestros pueblos, recuperar la cultura de vida, y recuperar nuestra vida en completa armonía y respeto mutuo con la madre naturaleza, con la Pachamama, donde todo es vida, donde todos somos uywas, donde todos somos parte de la naturaleza y del cosmos, donde todos somos parte de la naturaleza y no hay nada separado, donde el viento, las estrellas, las plantas, la piedra, el rocío, los cerros, las aves, el puma, son nuestros hermanos, donde la tierra es la vida misma y el hogar de todos los seres vivos, (Choquehuanca, David)

Llegar a ese nivel de conciencia es un reto, un desafío a la superestructura del estado social contemporáneo. Es decir que, el Estado debe comprender y practicar la idea del Vivir Bien desde la perspectiva precisa, de expandir su filosofía, de implementar ese imaginario en la mentalidad de sus conciudadanos para llegar a un entero y congruente discernimiento que entienda a la naturaleza de manera integral como sujeto y no como objeto de los mismos. Es un obrar en esencia misma con la naturaleza y actuar en su defensa, no olvidando la congruencia y buscando formas alternativas otras a la economía de extracción que es causa del resentimiento y dolor natural de nuestra tierra. Por ello, la pregunta recaería en si ¿se podrá llegar a ese reto fundamental para el Estado, sociedad y conformación de ciudadanía otra? La respuesta sólo la tendrán los ciudadanos mismos y, ante todo, los que ejercen el gobierno plurinacional y pluricultural del país.

Después de la interrogación y la posible respuesta, continuaremos con la ilustración que nos da sobre la idea y el impulso al Vivir Bien que conceptualiza Choquehuanca como proceso inmanente de comunicación para llegar a la comprensión de la propuesta:

“Comencemos a hacer nuestra propia educación, o más bien nuestra propia comunicación, a partir del aprendizaje que siempre hemos dado a nuestros niños en nuestras comunidades a partir de las prácticas y responsabilidades comunales y sociales, aprendizaje comunal por medio del cual creamos energía comunal y aprendemos en el trabajo diario, en esa escuela social que es la comunidad, que no podemos vivir fuera de vida comunal. Más que educación, recuperemos nuestra propia comunicación, fortalezcamos la verdadera comunicación entre papá e hijo, entre alumnos y profesores”.


…Y en verdadera conciencia práctica de comunicación Estado/ciudadanía, ya que el encaminarse a ese conocimiento propio, a la sabiduría equilibrada y al discernimiento que busca identidad, expresa un loable sentimiento por la integración, la participación y la real conciencia que enaltece el valor intrínseco de nuestras profundidades culturales y la herramienta comunicacional no puede quedar ausente.

lunes, 23 de enero de 2012

Breve percepción de 'Descolonización'



“Podríamos empezar diciendo que la descolonización es un proceso de salida a otra civilización” (Samanumud, Jiovanny)


En adscripción a esa idea, y desde la comprensión de justicia social, el proceso en materia de descolonización que afronta el país procura afirmar una nueva formación de Estado y sociedad, una propia visión del conocimiento, entendimiento y práctica equilibrada del estado social boliviano en toda su diversidad cultural; su importancia radica en la proposición y reconocimiento alterno del otro en/ante y diferente a la matriz cultural occidental moderna que atraviesa soberanías, pueblos y personas desde la propia historia de su expansión.

Entonces la descolonización es, a objeto de este artículo, una evolución de las percepciones y prácticas sociales y personales para encaminarse a un proceso de emancipación propia, con cualidades de (auto) determinación, de libertad, y de soberanía. Es base para un proceso interno y externo de (auto) reflexión, de posicionamiento (auto) crítico de ideas otras en búsqueda de alteridad entre los paradigmas dominantes que funcionalizan las estructuras de toda sociedad; en contenido, es la afirmación de existencia del pensamiento y acción de otras formas de ver el mundo más allá de la representación de una cultura única y hegemónica, misma que estableció el ejercicio monopólico de intereses geoestratégicos que atenúan y atenuaron otras formas de conocimiento, de culturas, de estados y de paradigmas de civilización con posturas diferentes al sólo consumo, a la depredación de la naturaleza y explotación humana.


En tanto a la viabilidad:

“Una descolonización implica el pluralismo institucional, el pluralismo administrativo, el pluralismo normativo, el pluralismo de gestiones. Y esto significa una descolonización de las prácticas, de las conductas y de los comportamientos, conllevando una descolonización de los imaginarios. Esto es la revolución cultural. Una descolonización que implica la constitución de nuevos sujetos, de nuevos campos de relaciones inter subjetivas, la creación de nuevas subjetividades, de nuevos imaginarios sociales; esto es el desarrollo de una interculturalidad constitutiva e instituyente, enriquecedora y acumulativa de las propias diferencias y diversidad inherentes” (Prada, Raúl).


En relación a ello, es un intento de proyectar sentido propio al quehacer de la sociabilidad; es un pretender la igualdad, la equidad y la justicia plena para la libertad. Es romper las cadenas que nos aprisionan y entender que todo está en base a la unidad ínter subjetiva que nos debería integrar. Es reconocer el saber propio y el respeto por el conocimiento otro. Es integrar los diferentes saberes que enriquecen y agigantan el sentido de alteridad y de la humanidad en su diversidad cultural, epistémica, social, del ser y del Estado mismo.


Asimismo la descolonización es principio para un proceso de construcción de una civilización otra, que deberá tener, necesariamente, en su fundamento, una salida a cualquier imposición basada en la formulación de consensos para generar equilibrio dentro las dimensiones del derecho y no ser una réplica funcional del mismo sistema del que se quiere emancipar. Es una lucha por una nueva reconceptualización de la idea de persona, de Estado, cultura, y de sociedad. Es un proyecto de liberación para las bases culturales y para el vivir de los pueblos desde la propuesta y significación de su pensar, sentir y hacer conciencia en diferencia otra...

En consecuencia, y para seguir el camino de descolonización, se deberá buscar un impulso y creación de nuevas formas de relacionamiento, de comunicación y de aprendizaje constante de unos y otros para la integración plena que no atenúe ni invisibilice a tantos otros saberes que proponen caminos de alteridad diferente hacia la construcción de una civilización otra, misma que llevaría consigo las bases del respeto, la igualdad, el diálogo, la alteridad, y la interrelación de valores, principios, saberes y conocimientos, para la riqueza y armonía con nuestra Naturaleza y la humanidad en su conjunto.

domingo, 15 de enero de 2012

Nociones de Interculturalidad

“Puede que a ti te guste o puede que no, pero por suerte somos distintos también…” (Joan Manuel Serrat)


Esta acción es explícitamente empírica y la intención propone observar la interculturalidad que en proyecto intenta un horizonte para una nueva sociedad en el Estado Plurinacional de Bolivia, y si es posible poner el debate más allá de sus fronteras.

En ese sentido, comenzar revisando la Constitución Política del Estado boliviano es menester para llegar a un acercamiento a la postura de interculturalidad en pro de la visión integral que el país proyecta mediante la afirmación de ésta:

“Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano, democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías. Bolivia se funda en la pluralidad y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del país”. (Art. 1: CPE)

Referencia que abre el Derecho Social y Plural para la integración plena de las diferentes culturas que convergen en un mismo Estado, eje fundamental para un mayor proceso de convivencia y equilibrio armónico entre conciudadanos y de proyección de la perspectiva de alteridad para edificar la interculturalidad en complementariedad crítica.

“La diversidad cultural constituye la base esencial del Estado Plurinacional Comunitario. La interculturalidad es un instrumento para la cohesión y la convivencia armónica y equilibrada entre todos los pueblos y naciones. La interculturalidad tendrá lugar con respeto a las diferencias y en igualdad de condiciones” (CPE : Art. 88)

Derecho constitucional que es fundamento para la emancipación de las culturas mismas que han estado atravesadas por un modelo de estado–nación, 'moderno' y 'colonizador' hasta 2005, año donde los movimientos sociales cambian el eje rector del país y consolidan la recuperación del Estado para la construcción de un proyecto pluricultural y plurinacional con mayor alcance inclusivo e integral.

Determinación que da sentido a un proceso de interculturalidad que estructuraría la edificación de una nueva sociedad. – Paso rector para la (auto) planificación de la emancipación plena de los vínculos construidos por la matriz cultural occidental moderna que se consolidó en el planeta, para estructurar un sistema que atenuó el saber y el conocimiento de otras culturas en un solo orden establecido, donde la República anterior no estuvo al margen de ella –.

Desde esa perspectiva, el surgimiento de procesos reivindicativos en Bolivia evidenció la ausencia o falta de sentido de integración, soberanía y posición en la decisión plena de defensa y puesta en vigor de esos derechos por y para el país. Esa ausencia de (auto) determinación en gestión política soberana, de representaciones que sólo dejaban hacer y dejaban pasar…, es la base que hizo explícita la acción real de lucha por derechos, deberes, obligaciones y garantías, en busca de una civilización nueva, de raíces propias, y de (re)construcción del Estado mismo; para ello, las bases mismas de la interculturalidad buscan un complemento esencial para lograr la acción concreta de esos fundamentos de y en disputa.

“La interculturalidad es término, concepto y principio de lucha, cuya visión no descansa en la simple convivencia, tolerancia o inclusión sino en la edificación de una sociedad, incluyendo una autoridad política y gobierno del Estado radicalmente distinto, pensados para el país en su conjunto y no sólo para los pueblos indígenas” (Walsh, Catherine)

Sentido que da señal para la observación en y para el cambio íntegro hacia la interculturalidad y que motiva a pensar el proceso de manera amplia, abierta y sin discriminación de ninguno de sus componentes.

Complementariamente:

“La interculturalidad no es un fin en sí mismo, sino que tiene que apuntar siempre a un objetivo que esté más allá. Este fin tiene que ver con la misma humanidad y el cosmos, la vida en general y los valores que están en juego. Hoy día, la supervivencia de la especie humana y del planeta Tierra está en juego, lo que hace imposible que una sola cultura o civilización se “encargue” de resolver este problema, porque justamente es parte del mismo. Uno de los objetivos de la interculturalidad consiste en la convivencia pacífica entre los seres humanos, diferentes grupos, naciones, civilizaciones y religiones.” (Estermann, Josef)

En consecuencia, la interculturalidad puede ser explicada y accionada desde las bases mismas de la Constitución Política del Estado a objeto de especificar el compromiso real por la integración, la convivencia, la inclusión, la liberación y el entendimiento de la unidad transformadora que inspiró el proceso constitutivo y constituyente del país.

“La Constitución boliviana, en su artículo 9 presenta la visión de interculturalidad que va hacia la construcción de una sociedad justa y armoniosa que es norte utópico de cualquier noción de interculturalidad, está basada en la descolonización, en la superación de la discriminación y explotación. La descolonización está en la raíz misma de la construcción de una propuesta de interculturalidad como herramienta de emancipación” (Viaña, Jorge)

El fin de la interculturalidad es la pretendida (re)valorización de la sociabilidad después del planteamiento de descolonización en el proceso íntegro y profundo de la transformación que vive el Estado. Mismo que requiere una sincronización y transversalización del enfoque intercultural en todos los espacios del territorio e institucionalidad plurinacional para una respetuosa integración de las diferencias culturales y en atención expansiva de las cualidades del cambio en el imaginario de la ciudadanía.

“La interculturalidad apunta a un enriquecimiento mutuo de las partes, con tal de que la humanidad como tal avance y se proyecte a una utopía de equidad, justicia y vivir bien…, en sintonía con la Naturaleza y el cosmos en su totalidad. El objetivo fundamental de la interculturalidad es la ‘humanización’ del mundo… y la vida plena para todos y todas, incluyendo a la Naturaleza, es decir: recuperar al ser humano en su lugar y dignidad que le corresponde”. (Estermann, Josep)

La perspectiva para la construcción de interculturalidad crítica, prevé una ampliación del concepto mismo de interculturalidad más allá del ser como sujeto de integración, sino más bien a la universalización plena de sus derechos en constitución Naturaleza/hombre. Es en realidad la contingencia de un proceso para encontrar la unidad misma entre las culturas de manera subyacente y en sentido a propiciar una relación igualitaria entre natura/cultura en fundamental derecho.

“Una visión profunda y emancipativa de interculturalidad debe asumirse parámetros fuertes de transformación de la noción de cultura. La constitucionalización de los derechos de la naturaleza puede abrir el debate, posibilitar dar los primeros pasos concretos, tanto teóricos como prácticos, de superación de la crisis de la macrocultura moderna, a partir de la nueva manera de comprender la relación natura y cultura, no como antagónica ni antropocéntrica, características ambas de las visiones euro céntricas de la cultura” (Viaña, Jorge)

Es decir, articulando el derecho de la naturaleza en la constitución para  fomentar un procedimiento legal de y en defensa de los beneficios que contrae para el ciudadano, para el cuidado del planeta, para su sostenimiento en el tiempo, incluso, para la sobrevivencia de la humanidad.

Planificar desde adentro, junto a la sociedad, es genuina acción política para la participación de un orden ciudadano que involucre a la Naturaleza en el ejercicio constitucional para la construcción de una sociedad soberana de principios esenciales otros. 

En ese sentido, la determinación de una verdadera representación heterogénea de los diversos sectores y regiones es identidad de Estado, y ésta podría considerarse y consolidarse en una plataforma de discusión y entendimiento para fortalecer la Constitución y el proceso de interculturalidad desde realidades, conocimientos y saberes propios, donde el consenso y la aceptación del ‘otro’ propongan unidad de constructos hacia el levantamiento de una nueva civilización integral en sentido pleno.

Misma que podría ser alterna a las instancias constitutivas del Estado a fin de buscar expandir plenamente la interculturalidad, revisar sus principios, observar sus valores y a objeto de hacer seguimiento de una ejecución práctica en los diferentes círculos de la sociedad; planteando así, diálogos de entendimiento sobre problemáticas que incumben a las culturas desde el marco del derecho y buscando la operatividad de sus saberes, conocimientos, propuestas, demandas y necesidades de la interculturalidad en y para el proceso de transformación que vive el país.

En tanto decir que:

“La interculturalidad presupone tanto el derecho a la diferencia como a la igualdad y rechaza todo tipo de ‘solución’ de la diversidad mediante la jerarquización o la imposición arbitraria. A lo largo de la historia de la humanidad, religiones, filosofías, sistemas jurídicos y modelos políticos han tratado de ‘resolver’ las diversidades sexuales, religiosas, culturales y políticas mediante el establecimiento de una ‘jerarquía’ de valores y poder. Esta ‘solución’ ha desembocado en el dominio del varón adulto blanco heterosexual sobre todo lo que coincida con este ideal civilizatorio.
El paradigma de la ‘interculturalidad’ – junto a la equidad de género – lucha por las relaciones horizontales no jerárquicas entre los distintos universos culturales, sin abandonar por ello ni las diferencias innegables, ni la igualdad principal entre personas, culturas, religiones y civilizaciones”. (Estermann, Josep)

Consecuentemente, y cuidando los errores pasados, la construcción de una plataforma de diálogos, enmarcaría la acción política que trabaje en unidad para la unidad de principios humanitarios que, en misión fundamentaría: ser la base de la estructuración de la democracia participativa que abra sentido a la articulación del nuevo orden constitucional que a título primero, en su capítulo tercero, de la Constitución Política del Estado, la facultaría.

Es entonces desde esa perspectiva de identidad y acción de interculturalidad la que podría empoderar los derechos de la naturaleza, en determinación vinculante hacia las decisiones en el y del Estado mismo en toda su diversidad. El fin: generar respuestas en tanto a otra visión que emancipe al ciudadano de la posición de espacios dominantes de la naturaleza y del hombre mismo.

“La interculturalidad podría ofrecer una suerte de momento 'transicional', permitiendo la definición de una nueva hegemonía en el contexto de la actual crisis de la modernidad y el capital”. (Walsh, Catherine).

En realidad, y en uso de sus facultades constitucionales, el Estado debe ser el articulador de ese proceso netamente decisorio para la definición del perfil de lucha para llegar a esa integración que se proyecta en visión de interculturalidad desde una perspectiva crítica. Procurando así, una alteridad otra a la 'modernidad' en el que el Estado está subsumido y de la que se pretende emancipar.

Asimismo y en continuidad a la revisión del proyecto de interculturalidad que se intenta construir y como ya se establece en las constituciones de las naciones más progresistas de América Latina, el proceso de diálogo e integración, debe trascender…

“Las actuales constituciones de Ecuador y Bolivia se plantean el reto de estos descentramientos necesarios para poder pensar una posibilidad de un 'diálogo', a mediano o largo plazo, que sea realmente un 'diálogo' y no sólo un monólogo monocultural impedido de 'dialogar'” (Viaña, Jorge).

En sí, la proyección del diálogo entre las diferencias culturales es lo que acerca y acercará los horizontes de la interculturalidad para el cambio social de un pretender acercar el pensamiento y la confraternidad humana de todas las culturas hacia un nuevo entendimiento del vivir en armonía y en complementariedad.

“La tarea actual es instalar de forma vigorosa esta nueva visión de interculturalidad, acorde con los procesos profundos de cambio en Latinoamérica, para no reproducir visiones y conceptos funcionales a la dominación a nombre de atenuarla”. (Viaña, Jorge).

En efecto, lo connotativo y denotativo del proceso de cambio que vive el país, es el valor comunicativo y organizativo de todas las expresiones culturales concentradas en el horizonte de construcción de un Estado integral. Enmarcado en el pleno desarrollo del derecho constitucional de la comunicación, para incluir e integrar los saberes culturales, sociales, económicos, lingüísticos y políticos en posición propia y en dimensión al entendimiento cultural de concepciones otras y de otras formas de ver la realidad.

Simbólicamente, la estructuración comunicativa es la que permitirá allanar conciencias cercanas y hermanar lejanas para la búsqueda de una sola identidad humana que identifique a la interculturalidad como centro de unidad para la definición de una civilización otra.

jueves, 12 de enero de 2012

Comunicación para incentivar un imaginario de interculturalidad que todavía no existe




Es ésta una inquietud que busca comprender y complementar la edificación del imaginario de interculturalidad –que no es otra cosa que la proposición de construcción de una sociedad otra–. Al mismo tiempo, se insinúa que la comunicación no puede quedar al margen de este proceso para no hacer inútil el esfuerzo de quienes promueven ese ideario en la realidad del entorno contextual y en la propia institucionalidad y constitucionalidad del Estado boliviano”.


Con la promulgación de la nueva Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia, en febrero de 2009, se intenta posibilitar salidas para la construcción de una civilización otra, interpretada ésta desde la base de una perspectiva impersonal; primordialmente, y para lograr aquello, se observa la necesidad de la indiferencia acumulada ante la demanda de diferentes culturas que buscan la integración e igualdad en derechos para la convivencia armónica en una sociedad de múltiples diferencias... Cabe destacar que estas culturas después de infatigables resistencias y luchas que confrontaron/tan, y, que, son originarias de nuestros pueblos, poco a poco van abriendo caminos que conducen a la emancipación de sus saberes intrínsecos y conocimientos que no deberían ser desatendidos para la construcción de una civilización otra...

“Desde los años 90 existe en América Latina una nueva atención a la diversidad étnico-cultural; una atención que parte de reconocimientos jurídicos y de una necesidad cada vez mayor de promover relaciones positivas entre distintos grupos culturales; de confrontar la discriminación, el racismo y la exclusión; de formar ciudadanos conscientes de las diferencias y capaces de trabajar conjuntamente en el desarrollo de país y en la construcción de una sociedad justa, equitativa, igualitaria y plural. La interculturalidad se inscribe en este esfuerzo”. (Walsh, C.:2010)

Entendemos a la reflexión anterior, en relevancia y proyección de interculturalidad en sí; y para su consecuente diseño, edificación, y construcción de ésta, en Bolivia, es casi imposible entablarse sin un proceso de comunicación; ya que éste es prácticamente base para la instrumentalización de la inducción, transversalización e incidencia en la población, como propuesta de apoyo al accionar político y para la estrategia de sostenimiento de la discusión, el establecimiento de escenarios, y para transcender el imaginario mismo de la idea de interculturalidad…

“La comunicación es un todo integrado. De ahí la máxima de que 'todo comunica' o 'es imposible no comunicarse'” (Grimsom, Alejandro: 2001)

Desde la comprensión de ese enunciado general, el proceso comunicacional -técnica y operativamente- debería construir escenarios y/o plataformas para promover relaciones, encuentros y diálogos positivos entre los distintos grupos culturales que conviven en el país; específicamente, desde un todo integrado. Una adecuada mediación del proceso comunicacional posibilitaría relaciones ciudadanas/culturales que construyan y generen conjuntamente una reglamentación exclusiva para el desenvolvimiento del imaginario de interculturalidad que se prevé estructurar, desarrollar y fundamentar en el país para cambiar el sistema civilizatorio que, todavía, está establecido en la actualidad...

“Una conceptualización de lo cultural e intercultural, desde una perspectiva crítica, no puede ocurrir sólo declarativamente, sino que debe servir de herramienta comprensiva y transformativa de las relaciones sociales cruzadas por la diversidad y el conflicto. Por otro lado, dicha conceptualización de lo cultural y de lo intercultural implica un lugar de enunciación que explicite la posición del conceptualizador, que devele su lugar y su espacio, que evidencie sus propias contradicciones e intereses”. (Garcés, Fernando: 2009).

En esa perspectiva, observar la necesidad de una legislación para hacer explícita la comprensión, transformación, y enunciación, que en idea tiene el concepto mismo de interculturalidad, establecida en la constitucionalidad boliviana, y que fue refrendada por la ciudadanía, en contenido no tiene una delimitación de exclusividad; por ello, se hace necesaria la articulación específica de contenidos legales que establezcan, a rango de ley, y en naturaleza vinculante, las decisiones que demanden los escenarios de transformación en interculturalidad para el Estado mismo, lo que dignificaría el derecho, la legalidad, la viabilidad, la transición y la organización del proceso de discusión, construcción y edificación de la interculturalidad en sí. El fin legal estructuraría la práctica de emancipación y la proposición de alteridad al sistema mundo que está en crisis. Quizá se podría empezar por ahí. En realidad, la sociedad boliviana tiene esa oportunidad…

Con precisión, y definitivamente, la interculturalidad se construirá con la comunicación. Esta disciplina, y su multiplicidad de recursos que ofrece para diferentes fines y usos hacen de la comunicación una ciencia de enorme utilidad para el análisis, comprensión y maduración de diversos procesos de implicancia social, cultural, institucional, organizacional y política; identificar el horizonte de las relaciones interculturales, intraculturales, transculturales e institucionales desde la comunicación, es base y sustento para la estructuración de la idea de interculturalidad en el propio Estado boliviano y fuera del mismo; es decir, la interculturalidad debe proponerse, apoyarse e identificarse desde un enfoque y planteamiento comunicacional pleno.

Cabe también observar que la organización, gestión y articulación de políticas públicas –que se planifiquen con intencionalidad transdisciplinaria y con alto énfasis en comunicación-, posibilitaría que se visibilice el sitio de enunciación; los procesos discursivos; la compenetración de diálogos posibles; y la estructuración de la identidad de interculturalidad en la sociedad y en el Estado mismo. Sin lugar a mal interpretación, y desde la perspectiva señalada, la gestión y las políticas públicas serán el canal, soporte y principal componente de acción, reinvención, legalidad, y planteamiento que precisa el proceso desde el sentido práctico de y para su determinación.

Ante ello:

“La comunicación intercultural, que nos demanda el momento histórico y de desarrollo tecnológico, será proporcional, al grado de oportunidades de expresión y escucha que nos otorguemos entre los sujetos distintos (étnica, cultural, genérica, generacional o de otra naturaleza), y este camino sólo podrá recorrerse a partir de la intención autónoma de entendernos y no usar la palabra como un sustituto retórico para la negación del semejante (el 'otro')”. (Aguirre, José Luis: 2006).

Consecuentemente a lo antes señalado, y cuando las oportunidades de expresión, y escucha, permitan el entendimiento de un sinfín de enfoques otros para la complementariedad sinérgica y argumentativa de diálogos abiertos y no de monólogos que no permitan dialogar, se dará inicio a la comunicación intercultural interna en el país y a la verdadera transición hacia una civilización otra.

Para la transición a ese nuevo espacio la comunicación se tendrá que reinventar, crear e imaginar procesos que estructuren un perfil de lo común y la identificación de una sola identidad cultural de manifestaciones diferentes que identifican a nuestros territorios; desde esa perspectiva, el ingenio del planteamiento comunicacional para estructurar, concentrar y expandir consensos que apoyen la idea y práctica de la unidad intercultural será la perspectiva del diseño de edificación de una nueva sociedad…

En tal sentido, y como ya se expresó anteriormente, la comunicación a gran escala es valioso complemento para manifestar la interrelación, información, enunciación y retroalimentación que todo proceso de gestión operativa/estratégica exige para sostener, afianzar y expandir el desarrollo organizacional en múltiples dimensiones y en cobertura integral.

En complemento, la interculturalidad para la proyección de sus diferentes horizontes  no puede transcender de su ideario si en falta existe la no cooperación comunicacional de manera transversal en el proceso de constitucionalización e institucionalización del Estado Plurinacional boliviano que está en transición...

Asimismo, reanudando el entender, y para incentivar la práctica formativa del imaginario de interculturalidad en el Estado mismo, tiene que aplicarse desde la certeza de que interculturalidad puede cambiar el rumbo de nuestra civilización, pero para ello se debe definir una propuesta crítica – que en esencia ésta conlleva – para la alteridad al sistema mundo…; en ese sentido, Catherine Walsh, reflexiona que:

“La formación de un nuevo Estado Pluricultural y Plurinacional requiere una estrecha comunicación entre los diversos sectores, así como también de una amplia colaboración para reformar e 'interculturalizar' las diversas estructuras e instancias que conforman el mismo Estado” (Walsh, C. : 2005)

El interculturalizar es tarea prácticamente comunicacional, es su deber y obligación como base de acción formativa de opinión pública del proceso de información, y, además, debiera ser pedagógica para su accionar comunicacional, en tanto que la ciudadanía necesita de ella para la objetividad, precisión, conocimiento, y coherente desenvolvimiento en y para la edificación y sostenimiento del proceso de cambio en sí, y para la percepción de interculturalidad como concepto, y su consecuente práctica a fin de lograr concertación y consenso en retroalimentación e interrelación participativa…

“Es conveniente enfatizar que la interculturalidad, más que una simple interrelación, implica formas 'otras' de desestructuración de mecanismos de dominación capitalista y colonial, como un paradigma que está pensado a través de la praxis política” (Walsh, C. : 2007)

En sí y en complemento al enunciado de Walsh, la comunicación en propósito principal deberá construir un planteamiento político para alentar a la ciudadanía en la búsqueda de formas otras de construcción -entre todos- de una sociedad nueva e integralmente diferente en su constituir institucional y ciudadano. Efectivamente, esa proposición debiera ser el principio y fundamento esencial activo para formar una consecuente movilidad constitutiva que reglamente el propio proceso del pensar y actuar común de la interculturalidad; y, asimismo, para proseguir la senda del cambio y para mantener viva y latente la energía en integridad y legitimidad que identifique el proyecto de interculturalidad que todavía no existe.

La participación activa de los ciudadanos, que en derecho corresponde, fortalecerá el pensar común, el comprender común y el actuar común para la garantía de una próxima emancipación que puede ocurrir al comienzo del intenso camino de transición política como al final de la proyección y consolidación del Estado integral...

Finalmente, y consecuentemente, cabe destacar que, se dio un gran avance en el marco de un nuevo ordenamiento del derecho en materia constitucional de lo colectivo, del bien común y en/de la pluralidad histórica  que no era incluida ni aceptada por diferentes formas de discriminación social que estaban instituidas. Ahora, lo que hace falta es discutir y reconstruir una nueva legalidad de la interculturalidad en tanto a la familia, el Estado y la sociedad…




miércoles, 4 de enero de 2012

INTERCULTURALIDAD: De la realidad a la utopía, es simple percepción




“La importancia del deleite del conocimiento hace que celebremos las bases de la acción”


Para idear la interculturalidad en sociedades con múltiples diferencias es necesario pensar rápidamente en el origen del proceso de civilización que emprendió una parte de la humanidad...

Este proceso histórico se identifica a mediados del siglo XVIII cuando Europa experimenta el inicio de la 'revolución industrial'; hito que convierte al continente europeo en el pionero del desarrollo, la expansión del comercio y la economía liberal. Sucesos mismos que luego se proyectarían en cambios socioeconómicos en el mundo, en sus sociedades, en la cultura y en todas las estructuras políticas civilizatorias en sentido organizativo y de formación de una nueva sociedad. Es, precisamente, en ese momento donde surge el paradigma de la 'modernidad'... 

Paradigma que luego estructuraría y desarrollaría la llamada macro/cultura occidental moderna y mercantil que rige al sistema/mundo en la actualidad. Proyecto que se identificó y consolidó como único modelo cultural y de vida en el entramado de la globalidad; que en su misión tuvo como objetivo modelar a las sociedades subsumiéndolas en la idea de una única civilización formalizándolas en visión integral de su acción política. 

Con ese planteamiento, el proyecto resultó ser eminentemente práctico para la consolidación de esa ‘cultura de la modernidad occidental impuesta’, que en su entramado mismo formalizó sus fines económicos, religiosos, culturales y políticos con la idea de la ‘única racionalidad’ que, todavía, impera en el mundo; su método fue contundentemente ideologizador, sin consenso, imponente y atenuante en la definición propia de los diversos estados, conocimientos, saberes, reglas, leyes, y creencias que estaban repartidas por todo el espacio terrenal llegando a transformar el vivir, saber, ser, estar, y conocer de toda la diversidad cultural que se constituían en las diferentes corrientes culturales del orden terrenal anterior.

En resumidas cuentas, y por su proceso de expansión, ese fue es el paradigma que se implementó en el nuevo y único sistema de orden de la modernidad que atenuó las diferentes y diversas posturas civilizatorias que aún tienen presencia en el sesgado mundo actual. 

En realidad, todo ese componente macrocultural sirvió de estrategia para estructurar el comercio y el mercado articulado a nivel mundial; ahí la raíz de la influencia, mediación y hegemonía que concentró la dinámica del poder, control y monitoreo de la política económica occidental en cuanto al desarrollo propuesto de civilización única que modeló para los estados, sociedades y para la estructura del sistema mundo en general.

En suma a esta observación forzada, la macrocultura moderna deja en legado la construcción científica de las disciplinas y de la academia misma en toda su estructura epistemológica que estudió su desenvolvimiento cultural de manera única y restringida a la mayor multiplicidad de conocimientos; la misma historia se puede advertir en los estados y sociedades que para su desarrollo fueron instituidos en el valor y uso de su independiente estructura societal, en sentido legal, organizativo y legitimo; como producto particular de todo ello, el ciudadano tiene como resultado mismo la subyugación que en formación recibió del llamado sistema mundo occidental que lo instrumentalizó y funcionalizó en el dominio racional y de ‘interés’ de la sola ‘identidad cultural moderna’.

Ahora y en sentido de alteridad a los criterios expresados, se hará hincapié a la imaginación de una idea de interculturalidad que tiene la pretensión de desafiar a la voluntad para una mejor relación del ser y estar productivamente en sociedad integral. Para complemento propio, y en pretensión crítica a la razón instrumental y a la funcionalidad de las relaciones humanas que aparentemente tienen las sociedades con la macro/cultura occidental, única y moderna, que se desarrolló desde 1750, y en consecuencia a la utópica idea de interculturalidad – que, todavía, no existe –, intentaremos responder a la necesidad de crear imaginativamente un proceso de interrelación colectiva, en alteridad al sistema mundo occidental moderno.

Soñar en la construcción de ideas base de acción y propuesta conceptual, es la idea que intentaremos identificar hacia la edificación de una nueva forma de hacer sociedad, sociedad que integre a todos en todas sus diferencias, que sea tolerancia y de respeto a la diversidad que tiene la complejidad del ser humano. El objetivo es recrear 'un mundo interrelacionado donde muchos otros mundos convivan en un espacio de intercambio de conocimientos para la búsqueda de una humanidad mejor, con principios armónicos de igualdad, y valores de re/integración en búsqueda de unidad en la diversidad'.

En ese sentido y para comenzar por casa, el respeto y la consideración son indicadores base para un proceso de acercamiento, reflexión, diálogo y/o transformación cualitativa de las relaciones sociales que impliquen compartir conocimiento y productividad, para poner los cimientos a la construcción de una civilización otra.

En el entender de esos principios se podrá generar mayores condiciones para establecer diálogos de intercambio de conocimientos, saberes y argumentación que responda al planteamiento de introducir en el imaginario personal y social la idea de interculturalidad. Del posibilitar la igualdad de condiciones y la horizontalidad en los diálogos, sin diferencia alguna, dependerá la apertura de confianza entre unos y otros al reconocimiento de que todos pertenecen a un mismo territorio, mundo, Estado y humanidad en general, como estrategia de componente integral y no sólo discursivo.

En sí, el deseo de probar esta idea es trabajar en la construcción de una sociedad de relaciones diferentes en sentido inclusivo y no aparente; asimismo el despertar de la mentalidad será importante para hacer más amigable el proceso de participación directa en tanto se vaya caminando hacia la interculturalidad que todavía no existe.
El incidir en generar caminos, escenarios, normas y procederes que establezcan reglas de acción y decisión ante el diálogo de interculturalidad, como base de acción política cultural estratégica, en sentido vinculante a la estructura legal del/los Estado/s, podría ser el comienzo de la práctica ordenada para trabajar el proceso de interrelación que demande una regulación previa para construir el proceso de interculturalidad que todavía no existe. 

La posibilidad de practicar una nueva relacionalidad social y el diseñar un proyecto normativo independiente para perfilar la interculturalidad, definitivamente estará en la iniciativa y decisión organizativa de cada uno de nosotros para que juntos podamos planificar y construir la interculturalidad ... en realidad se insinúa un establecimiento de diálogos... diálogos que busquen y pretendan una re/dimensión de las bases de la historia con el fin de buscar consensos que definan la construcción de la unidad intercultural desde la misma multiplicidad de conocimientos, saberes y creencias que en las diferentes culturas se manifiestan como orden de vida en sociedad.

Finalmente decir que la independencia y la emancipación, de la realidad, y de la sociedad, naturaleza e individuos en general, será resultado de un planteamiento objetivo que pretenda normar una articulación de derechos de manera íntegra y en autodeterminación inicial que sustente las bases en el reconocer y reafirmar al 'otro' a fin de estructurar la unidad horizontal que consciente o inconscientemente todos la necesitan y/o la deben gestionar.