jueves, 12 de enero de 2012

Comunicación para incentivar un imaginario de interculturalidad que todavía no existe




Es ésta una inquietud que busca comprender y complementar la edificación del imaginario de interculturalidad –que no es otra cosa que la proposición de construcción de una sociedad otra–. Al mismo tiempo, se insinúa que la comunicación no puede quedar al margen de este proceso para no hacer inútil el esfuerzo de quienes promueven ese ideario en la realidad del entorno contextual y en la propia institucionalidad y constitucionalidad del Estado boliviano”.


Con la promulgación de la nueva Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia, en febrero de 2009, se intenta posibilitar salidas para la construcción de una civilización otra, interpretada ésta desde la base de una perspectiva impersonal; primordialmente, y para lograr aquello, se observa la necesidad de la indiferencia acumulada ante la demanda de diferentes culturas que buscan la integración e igualdad en derechos para la convivencia armónica en una sociedad de múltiples diferencias... Cabe destacar que estas culturas después de infatigables resistencias y luchas que confrontaron/tan, y, que, son originarias de nuestros pueblos, poco a poco van abriendo caminos que conducen a la emancipación de sus saberes intrínsecos y conocimientos que no deberían ser desatendidos para la construcción de una civilización otra...

“Desde los años 90 existe en América Latina una nueva atención a la diversidad étnico-cultural; una atención que parte de reconocimientos jurídicos y de una necesidad cada vez mayor de promover relaciones positivas entre distintos grupos culturales; de confrontar la discriminación, el racismo y la exclusión; de formar ciudadanos conscientes de las diferencias y capaces de trabajar conjuntamente en el desarrollo de país y en la construcción de una sociedad justa, equitativa, igualitaria y plural. La interculturalidad se inscribe en este esfuerzo”. (Walsh, C.:2010)

Entendemos a la reflexión anterior, en relevancia y proyección de interculturalidad en sí; y para su consecuente diseño, edificación, y construcción de ésta, en Bolivia, es casi imposible entablarse sin un proceso de comunicación; ya que éste es prácticamente base para la instrumentalización de la inducción, transversalización e incidencia en la población, como propuesta de apoyo al accionar político y para la estrategia de sostenimiento de la discusión, el establecimiento de escenarios, y para transcender el imaginario mismo de la idea de interculturalidad…

“La comunicación es un todo integrado. De ahí la máxima de que 'todo comunica' o 'es imposible no comunicarse'” (Grimsom, Alejandro: 2001)

Desde la comprensión de ese enunciado general, el proceso comunicacional -técnica y operativamente- debería construir escenarios y/o plataformas para promover relaciones, encuentros y diálogos positivos entre los distintos grupos culturales que conviven en el país; específicamente, desde un todo integrado. Una adecuada mediación del proceso comunicacional posibilitaría relaciones ciudadanas/culturales que construyan y generen conjuntamente una reglamentación exclusiva para el desenvolvimiento del imaginario de interculturalidad que se prevé estructurar, desarrollar y fundamentar en el país para cambiar el sistema civilizatorio que, todavía, está establecido en la actualidad...

“Una conceptualización de lo cultural e intercultural, desde una perspectiva crítica, no puede ocurrir sólo declarativamente, sino que debe servir de herramienta comprensiva y transformativa de las relaciones sociales cruzadas por la diversidad y el conflicto. Por otro lado, dicha conceptualización de lo cultural y de lo intercultural implica un lugar de enunciación que explicite la posición del conceptualizador, que devele su lugar y su espacio, que evidencie sus propias contradicciones e intereses”. (Garcés, Fernando: 2009).

En esa perspectiva, observar la necesidad de una legislación para hacer explícita la comprensión, transformación, y enunciación, que en idea tiene el concepto mismo de interculturalidad, establecida en la constitucionalidad boliviana, y que fue refrendada por la ciudadanía, en contenido no tiene una delimitación de exclusividad; por ello, se hace necesaria la articulación específica de contenidos legales que establezcan, a rango de ley, y en naturaleza vinculante, las decisiones que demanden los escenarios de transformación en interculturalidad para el Estado mismo, lo que dignificaría el derecho, la legalidad, la viabilidad, la transición y la organización del proceso de discusión, construcción y edificación de la interculturalidad en sí. El fin legal estructuraría la práctica de emancipación y la proposición de alteridad al sistema mundo que está en crisis. Quizá se podría empezar por ahí. En realidad, la sociedad boliviana tiene esa oportunidad…

Con precisión, y definitivamente, la interculturalidad se construirá con la comunicación. Esta disciplina, y su multiplicidad de recursos que ofrece para diferentes fines y usos hacen de la comunicación una ciencia de enorme utilidad para el análisis, comprensión y maduración de diversos procesos de implicancia social, cultural, institucional, organizacional y política; identificar el horizonte de las relaciones interculturales, intraculturales, transculturales e institucionales desde la comunicación, es base y sustento para la estructuración de la idea de interculturalidad en el propio Estado boliviano y fuera del mismo; es decir, la interculturalidad debe proponerse, apoyarse e identificarse desde un enfoque y planteamiento comunicacional pleno.

Cabe también observar que la organización, gestión y articulación de políticas públicas –que se planifiquen con intencionalidad transdisciplinaria y con alto énfasis en comunicación-, posibilitaría que se visibilice el sitio de enunciación; los procesos discursivos; la compenetración de diálogos posibles; y la estructuración de la identidad de interculturalidad en la sociedad y en el Estado mismo. Sin lugar a mal interpretación, y desde la perspectiva señalada, la gestión y las políticas públicas serán el canal, soporte y principal componente de acción, reinvención, legalidad, y planteamiento que precisa el proceso desde el sentido práctico de y para su determinación.

Ante ello:

“La comunicación intercultural, que nos demanda el momento histórico y de desarrollo tecnológico, será proporcional, al grado de oportunidades de expresión y escucha que nos otorguemos entre los sujetos distintos (étnica, cultural, genérica, generacional o de otra naturaleza), y este camino sólo podrá recorrerse a partir de la intención autónoma de entendernos y no usar la palabra como un sustituto retórico para la negación del semejante (el 'otro')”. (Aguirre, José Luis: 2006).

Consecuentemente a lo antes señalado, y cuando las oportunidades de expresión, y escucha, permitan el entendimiento de un sinfín de enfoques otros para la complementariedad sinérgica y argumentativa de diálogos abiertos y no de monólogos que no permitan dialogar, se dará inicio a la comunicación intercultural interna en el país y a la verdadera transición hacia una civilización otra.

Para la transición a ese nuevo espacio la comunicación se tendrá que reinventar, crear e imaginar procesos que estructuren un perfil de lo común y la identificación de una sola identidad cultural de manifestaciones diferentes que identifican a nuestros territorios; desde esa perspectiva, el ingenio del planteamiento comunicacional para estructurar, concentrar y expandir consensos que apoyen la idea y práctica de la unidad intercultural será la perspectiva del diseño de edificación de una nueva sociedad…

En tal sentido, y como ya se expresó anteriormente, la comunicación a gran escala es valioso complemento para manifestar la interrelación, información, enunciación y retroalimentación que todo proceso de gestión operativa/estratégica exige para sostener, afianzar y expandir el desarrollo organizacional en múltiples dimensiones y en cobertura integral.

En complemento, la interculturalidad para la proyección de sus diferentes horizontes  no puede transcender de su ideario si en falta existe la no cooperación comunicacional de manera transversal en el proceso de constitucionalización e institucionalización del Estado Plurinacional boliviano que está en transición...

Asimismo, reanudando el entender, y para incentivar la práctica formativa del imaginario de interculturalidad en el Estado mismo, tiene que aplicarse desde la certeza de que interculturalidad puede cambiar el rumbo de nuestra civilización, pero para ello se debe definir una propuesta crítica – que en esencia ésta conlleva – para la alteridad al sistema mundo…; en ese sentido, Catherine Walsh, reflexiona que:

“La formación de un nuevo Estado Pluricultural y Plurinacional requiere una estrecha comunicación entre los diversos sectores, así como también de una amplia colaboración para reformar e 'interculturalizar' las diversas estructuras e instancias que conforman el mismo Estado” (Walsh, C. : 2005)

El interculturalizar es tarea prácticamente comunicacional, es su deber y obligación como base de acción formativa de opinión pública del proceso de información, y, además, debiera ser pedagógica para su accionar comunicacional, en tanto que la ciudadanía necesita de ella para la objetividad, precisión, conocimiento, y coherente desenvolvimiento en y para la edificación y sostenimiento del proceso de cambio en sí, y para la percepción de interculturalidad como concepto, y su consecuente práctica a fin de lograr concertación y consenso en retroalimentación e interrelación participativa…

“Es conveniente enfatizar que la interculturalidad, más que una simple interrelación, implica formas 'otras' de desestructuración de mecanismos de dominación capitalista y colonial, como un paradigma que está pensado a través de la praxis política” (Walsh, C. : 2007)

En sí y en complemento al enunciado de Walsh, la comunicación en propósito principal deberá construir un planteamiento político para alentar a la ciudadanía en la búsqueda de formas otras de construcción -entre todos- de una sociedad nueva e integralmente diferente en su constituir institucional y ciudadano. Efectivamente, esa proposición debiera ser el principio y fundamento esencial activo para formar una consecuente movilidad constitutiva que reglamente el propio proceso del pensar y actuar común de la interculturalidad; y, asimismo, para proseguir la senda del cambio y para mantener viva y latente la energía en integridad y legitimidad que identifique el proyecto de interculturalidad que todavía no existe.

La participación activa de los ciudadanos, que en derecho corresponde, fortalecerá el pensar común, el comprender común y el actuar común para la garantía de una próxima emancipación que puede ocurrir al comienzo del intenso camino de transición política como al final de la proyección y consolidación del Estado integral...

Finalmente, y consecuentemente, cabe destacar que, se dio un gran avance en el marco de un nuevo ordenamiento del derecho en materia constitucional de lo colectivo, del bien común y en/de la pluralidad histórica  que no era incluida ni aceptada por diferentes formas de discriminación social que estaban instituidas. Ahora, lo que hace falta es discutir y reconstruir una nueva legalidad de la interculturalidad en tanto a la familia, el Estado y la sociedad…




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